VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN EL ESPACIO DIGITAL.

La irrupción de las tecnologías de la
información y la comunicación ha transformado de manera profunda las relaciones
sociales, los modos de interacción y, con ellos, las formas de violencia. En
este contexto, las mujeres se enfrentan a nuevas expresiones de agresión que se
manifiestan en los entornos digitales, fenómeno conocido como violencia digital
contra las mujeres. De acuerdo con el Instituto Europeo de la Igualdad de
Género (EIGE) y ONU Mujeres, esta se define como cualquier acto que sea cometido,
asistido, agravado o amplificado mediante el uso de tecnologías de la
información y la comunicación o herramientas digitales, que tenga como
resultado o probabilidad de resultar en daño físico, sexual, psicológico,
social, político o económico, o en la vulneración de derechos y libertades
(EIGE et al., 2024). En otras palabras, se trata de una forma de violencia de
género que emplea medios tecnológicos para ejercer control, humillación,
amenazas o agresiones, y que puede adoptar diversas manifestaciones como el
acoso en redes sociales, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el
uso de “deepfakes” o el robo y manipulación de información personal.
Desde la perspectiva académica, Duman
(2023) sostiene que la violencia digital contra las mujeres representa la
transferencia al ámbito virtual de las desigualdades, opresiones y ansiedades
que las mujeres experimentan en los espacios físicos, y que se sostiene en las
mismas estructuras patriarcales que históricamente han normalizado la violencia
de género. Así, el espacio digital no constituye un ámbito neutral, sino un
territorio donde se reproducen las asimetrías de poder que operan en el mundo
offline. La violencia digital, por tanto, se inscribe en el continuum de la
violencia machista, extendiendo su alcance a través de las plataformas
tecnológicas y las redes sociales.

Los datos estadísticos sobre el tema revelan una realidad alarmante. El EIGE estima que una de cada diez mujeres en la Unión Europea ha sufrido alguna forma de violencia cibernética desde los 15 años (EIGE, 2024). A nivel global, la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (UN-ESCAP) reporta que el 38 % de las mujeres han experimentado personalmente algún tipo de violencia en línea, el 65 % conocen a otras mujeres que la han sufrido y el 85 % han sido testigos de actos de violencia digital (UN-ESCAP, 2023). Durante la pandemia de COVID-19, ONU Mujeres (2022) documentó que el 38 % de las mujeres encuestadas había sufrido violencia en línea y que el 27 % percibió un incremento de las agresiones digitales durante ese periodo. En el ámbito periodístico, la UNESCO (2024) informó que el 73 % de las mujeres periodistas entrevistadas en un estudio internacional fueron víctimas de violencia digital, lo que pone de relieve la especial vulnerabilidad de las mujeres con visibilidad pública o que expresan opiniones políticas o de género. En España, un estudio reciente de Jiménez-Ruiz et al. (2025) indicó que el 66 % de las mujeres encuestadas había experimentado violencia de género a través de redes sociales, siendo las formas más comunes el acoso, la vigilancia y los mensajes ofensivos de carácter sexual.

Estos datos demuestran que la violencia digital contra las mujeres no es un fenómeno marginal, sino una problemática estructural que refleja las desigualdades de género y reproduce mecanismos de control y silenciamiento. Al igual que la violencia física o psicológica, la violencia digital tiene efectos concretos sobre la vida y el bienestar de las mujeres. En muchos casos, la agresión digital precede o se combina con la violencia offline, lo que muestra una continuidad entre ambos espacios. Las víctimas experimentan miedo, ansiedad, estrés y aislamiento social, y en algunos casos deciden retirarse de las plataformas digitales o autocensurarse para evitar nuevas agresiones. UN-ESCAP (2023) encontró que el 46 % de las jóvenes encuestadas manifestaron sentirse tristes, deprimidas o ansiosas tras sufrir violencia digital. Asimismo, un estudio de Enock et al. (2024) demostró que las mujeres se sienten menos cómodas que los hombres al expresar opiniones en línea, y que muchas temen por su seguridad al hacerlo. Este tipo de violencia, por lo tanto, tiene efectos directos en la libertad de expresión, la participación pública y el ejercicio de los derechos digitales.
Las causas de la violencia digital
contra las mujeres son múltiples y complejas. Entre las más relevantes se
encuentran las desigualdades estructurales de género que perpetúan roles
sexistas, los vacíos legales que dificultan sancionar las agresiones en línea,
y las características propias del entorno digital, como el anonimato, la
inmediatez y la viralidad de los contenidos (Meyer, 2022). Además, la
interseccionalidad juega un papel importante: mujeres pertenecientes a grupos
racializados, con discapacidad, migrantes o de la comunidad LGBTQ+ enfrentan
mayor riesgo de sufrir violencia digital (UNFPA, 2024). Por otro lado, la falta
de educación digital con perspectiva de género y la escasa responsabilidad de
las plataformas tecnológicas en la moderación de contenidos contribuyen a la
impunidad y a la reproducción del problema.
Las consecuencias de la violencia
digital no se limitan al daño psicológico. También restringen la participación
política, educativa y económica de las mujeres, limitando su presencia en los
espacios digitales y reproduciendo las desigualdades estructurales que existen
fuera de internet. La UNESCO (2024) subraya que muchas mujeres periodistas y
activistas han optado por reducir su exposición pública o abandonar las redes
sociales ante las amenazas, lo que implica un retroceso en términos de libertad
de prensa y de expresión. En los casos más graves, la violencia digital puede
escalar hacia agresiones físicas o sexuales, evidenciando la estrecha relación
entre los distintos tipos de violencia de género (Phys.org, 2022).

Frente a este panorama, los principales retos consisten en fortalecer los marcos legales y las políticas públicas que aborden la violencia digital como una forma específica de violencia de género, recopilar datos estadísticos desagregados por sexo y edad, y promover la educación digital con enfoque de derechos humanos. Asimismo, se requiere mayor responsabilidad por parte de las empresas tecnológicas para prevenir, detectar y sancionar contenidos violentos o misóginos, además de ofrecer canales efectivos de denuncia y acompañamiento a las víctimas. La prevención debe incluir campañas de sensibilización y alfabetización digital que promuevan un uso responsable y respetuoso de las tecnologías. Como señalan Duman (2023) y ONU Mujeres (2022), la construcción de entornos digitales seguros no solo implica la erradicación de la violencia, sino también la creación de una cultura de equidad y respeto en la esfera tecnológica.

En conclusión, la violencia digital
contra las mujeres es una extensión contemporánea de la violencia de género que
aprovecha los entornos tecnológicos para reproducir relaciones de poder
desiguales y ejercer control, acoso y silenciamiento. De acuerdo con EIGE et
al. (2024), constituye cualquier acto de daño basado en el género facilitado
por las tecnologías, y afecta de manera significativa a mujeres en todo el
mundo, con cifras que oscilan entre el 38 % y más del 60 % de las usuarias que
han experimentado alguna forma de agresión (UN-ESCAP, 2023; UN Women, 2022).
Abordar esta problemática exige reconocer que la violencia digital no ocurre en
un vacío, sino en un contexto de desigualdad estructural. Garantizar un entorno
digital seguro e igualitario para las mujeres es, por tanto, una condición
indispensable para el ejercicio pleno de la ciudadanía, la libertad de
expresión y los derechos humanos en la era digital.
REFERENCIAS
Çalış Duman, M. (2023). Digital violence and women:
Systematization of researches and suggestions for future research. Anadolu
Üniversitesi İktisadi ve İdari Bilimler Fakültesi Dergisi, 24(3), 359-398.
https://doi.org/10.53443/anadoluibfd.1187094 dergipark.org.tr+2researchgate.net+2
Enock, F. E., Stevens, F., Bright, J., Cross, M., Johansson,
P., Wajcman, J., & Margetts, H. Z. (2024). Women are less comfortable
expressing opinions online than men and report heightened fears for safety:
Surveying gender differences in experiences of online harms. arXiv. https://arxiv.org/abs/2403.19037
arxiv.org+2turing.ac.uk+2
Jiménez-Ruiz, I., López-Barranco, P. J., López-Yepes, S.,
Conesa-Ferrer, M. B., Cayuela-Fuentes, P. S., & Beladiez-Pérez, M. d. M.
(2025). Violence Against Women on Social Networks: A Descriptive Analysis. Healthcare,
13(20), 2574. https://doi.org/10.3390/healthcare13202574 MDPI
United Nations Educational, Scientific and Cultural
Organization (UNESCO). (2024, mayo 7). Digital violence against women
journalists, an old but ongoing issue. https://www.unesco.org/en/articles/digital-violence-against-women-journalists-old-ongoing-issue
unfpa.org+1
United Nations Women (UN Women). (2022, octubre). Accelerating
efforts to tackle online and technology-facilitated violence against women and
girls. https://www.unwomen.org/sites/default/files/2022-10/Accelerating-efforts-to-tackle-online-and-technology-facilitated-violence-against-women-and-girls-en_0.pdf
unfpa.org
United Nations Population Fund (UNFPA). (n.d.). Digital
violence is violence. https://www.unfpa.org/digital-violence-violence unfpa.org
European Institute for Gender Equality (EIGE). (s. f.). Combating
cyber violence against women and girls – measurement framework.
Publications Office of the European Union. https://op.europa.eu/publication-detail/-/publication/4a0b01fc-e839-11ef-b5e9-01aa75ed71a1
unfpa.org+1
United Nations Economic and Social Commission for Asia and
the Pacific (UN-ESCAP). (2023, abril). Brief: The state of evidence and data
collection on technology-facilitated violence against women. (Working
paper) https://unece.org/statistics/documents/2023/04/working-documents/state-evidence-and-data-collection-technology
unfpa.org

0 Comments:
Publicar un comentario