¿SE HA ELIMINADO LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES?
La
Asamblea General de la ONU lleva más de 25 años conmemorando una fecha en la
que se estableció la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres, y en este
escrito me gustaría compartir con ustedes una reflexión sobre el progreso y los
logros conseguidos para eliminar la violencia de género.
Según la Declaración
de la ONU de 1993, la violencia contra la mujer abarca actos que
causan daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico, así como amenazas,
coacción o privación de la libertad, tanto en la vida pública como en la
vida privada.
La violencia impacta la salud
física, sexual y psicológica de las mujeres en todas las etapas de su vida,
afectando su educación, empleo y oportunidades. Algunas mujeres y niñas, como
aquellas en situación de vulnerabilidad o crisis humanitarias, migrantes,
indígenas o con discapacidades, enfrentan mayor riesgo.
La violencia contra la mujer
sigue siendo un obstáculo para la igualdad, el desarrollo y la paz, así como
para el respeto de los Derechos Humanos.
De acuerdo a datos de la ONU (2024):
- 736
millones de mujeres han sido víctimas de violencia física y/o sexual al
menos una vez en su vida. El riesgo es mayor entre las jóvenes: 1 de cada
4 adolescentes ha sufrido abusos de su pareja.
- Entre
el 16% y el 58% de las mujeres en todo el mundo experimentan violencia de
género facilitada por la tecnología, sobre todo la generación Z y las
milenials.
- El
70% de las mujeres en conflictos, guerras y crisis humanitarias
experimentan violencia de género.
- La mutilación genital femenina ha aumentado un 15% en comparación con los datos de hace ocho años.
Pero, no es
hasta el siglo XVII cuando algunas personas comienzan a condenar la violencia
brutal contra las mujeres fuera del hogar y a creer en la idea de que la mujer
no es una “cosa” ni propiedad del Estado.
También
surgen las primeras pinceladas del feminismo con María Le Jars de Gournay y
su obra “La igualdad de los hombres y las mujeres” de 1622.
Ya
en la mitad de Siglo XX y sobre todo a finales se comienzan a tomar medidas
contra los hombres que maltratan a las mujeres, psicológica y físicamente,
tanto dentro como fuera del hogar.
Algunos
hechos y promulgaciones son determinantes para respaldar los nuevos ideales de
igualdad que aún seguimos defendiendo:
En
febrero de 1947 la ONU reúne por primera vez la Comisión de la
Condición Jurídica y Social de la Mujer, en Lake Success, Nueva York.
El
6 de junio de 1951, en la 34.º reunión de la Organización
Internacional del Trabajo, OIT, se adopta el Convenio 100 relativo a la
“igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra
femenina por un trabajo de igual valor”.
En
1954 la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba la Resolución 843
“Condición de la mujer en derecho privado: costumbres, antiguas leyes y
prácticas que afectan a la dignidad de la mujer como ser humano”, instando a
los Estados miembros a abolir prácticas como poner precio a la novia, asegurar
a la mujer una libertad completa para la elección de marido o garantizar la
posibilidad de volver a tener relaciones en el caso de quedar viudas.
En
1967 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración
sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer.
En
la década de los 70 también se empezó a trabajar en los países
desarrollados en el abordaje de la violencia doméstica contra las
mujeres.
Desde
los 80 hasta la actualidad, la mayoría de los países del mundo han
adoptado medidas para eliminar cualquier tipo de discriminación o violencia
contra las mujeres, aunque todavía hay mucho por poner en práctica, pues la
violencia machista sigue siendo una lacra mundial que afecta a una de cada tres
mujeres en el planeta.
Las
Naciones Unidas han organizado 4 Conferencias mundiales sobre la mujer, que se
celebraron en CDMX (1975) Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Beijing (1995)
A ésta última siguió una serie de exámenes quinquenales. 1995 – 2025.
La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, marcó un importante punto de inflexión para la agenda mundial de igualdad de género, constituye un programa en favor del empoderamiento de la mujer y en su elaboración se tuvo en cuenta el documento clave de política mundial sobre igualdad de género estableciendo una serie de objetivos estratégicos y medidas para el progreso de las mujeres y el logro de la igualdad de género.
MÉXICO:
México llega al Día Internacional
contra la Violencia de Género sumido en una crisis de seguridad provocada por
la violencia machista. Desde 1990, pero de manera más acelerada en los últimos
cinco años, el asesinato de mujeres en el país ha aumentado cada año sin freno
hasta llegar a un máximo de 3.957 homicidios en 2020.
Cualquier cifra en torno a la
violencia en el país da favor: once mujeres son asesinadas al día, la tasa
de impunidad supera el 95%, solo un 2% de los casos termina en sentencia y tan
solo una de cada 10 víctimas se atreve a denunciar a su agresor.
No hay una respuesta única que
alcance a explicar y aclarar los asesinatos de mujeres por ser mujeres en razón
de género y la omisión investigativa de las autoridades que han empujado a que
sean los y las familiares quienes busquen datos y pruebas que se necesitan para
que el asesinato de una mujer sea resuelto y reclasificado como feminicidio.
Los gobiernos, de acuerdo con las
Conferencias Internacionales de la Mujer, tuvieron que verse inclinados a
incorporar los derechos de las mujeres en convenios internacionales,
tipificando pautas de identificación, atención y eliminación de la inequidad de
género. Por ejemplo, con la firma de México el 23 de marzo de 1981 del Protocolo
de la CEDAW que
urge a los Estados firmantes a cumplirlo, “se obliga a adoptar medidas urgentes
para prevenir las muertes violentas, los homicidios y las desapariciones
forzadas de mujeres” (CEDAW,
1979).
Otra acción muy importante,
llevada a cabo en 1994, fue la emprendida por la Comisión
Interamericana de Mujeres (CIM), perteneciente a la OEA, que definió
la violencia esta vez de género como una violación a los derechos humanos de
las mujeres. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer, mejor conocida como Convención
de Belem do Pará, estableció entre sus objetivos eliminar la violencia como
condición indispensable para el desarrollo individual de las mujeres (SRE,
2008).
La violencia se convirtió en un
dolor de cabeza para el gobierno y las entidades de la república. Los esfuerzos
se encaminaron a intentar eliminarla, aunque sin éxito. Siguió creciendo y
constantemente aparecían cuerpos asesinados y desechados en los lugares más
inhóspitos de las calles.
Se afirman que entre enero y
marzo de 2021 el número 911 recibió cerca de 17 millones 225,555 llamadas de
emergencia, de las cuales 90% fueron de auxilio. Comparada con las cifras de la
Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares
(ENDIREH) del INEGI, que en 2016
reportó que 66.1% de mujeres sufría violencia.
En cambio, en 2021 la violencia creció hasta alcanzar el 53% dividido en los siguientes rubros: el abuso sexual 10.1%, el acoso 16.7%, la violación 8.4% y la violencia familiar 6.4%. Por otro lado, desde 2006 hasta 2021 el panorama de violencia se incrementó tanto para hombres como para mujeres. La lucha emprendida contra los cárteles de narcotraficantes además de sacar al Ejército a las calles avivó una violencia que hasta la fecha sigue extendiéndose y no se ha controlado. Los feminicidios se han agudizado y han repuntado muchos agravios como el acoso, la violación, la discriminación, el abuso en distintos entornos, los secuestros, las desapariciones forzadas y la trata de mujeres.
El feminismo como movimiento
social, económico y político no ha
resuelto el problema de las mujeres, incluso ha habido un aumento en los
feminicidios en los últimos 5 años mismos años en que el movimiento del 8 de
marzo ha cobrado mayor visibilidad y fuerza, y se han creado leyes y políticas
públicas destinadas a frenar la violencia contra las mujeres.
Hemos celebrado activamente los movimientos 8 M pensando que estos son un
punto de cambio, un acontecimiento político a partir del cual se puede lograr
una vida más libre para la mujer donde los problemas de las mujeres son solucionados,
pero no se ha logrado un resultado más allá de alimentar la boca de los
políticos.
La pregunta es ¿cuántas mujeres han salvado con eso? ¿en qué sentido cambió la vida de las mujeres mexicanas, realmente está ayudando en algo? O sólo es una catarsis colectiva en la cual se constituye una buena oportunidad para sacar la selfie.
La ideología de género es un proyecto autoritario que se impone a través del Estado estamos en medio de una batalla cultural entre grupos que defiende la vida desde la concepción y otros que piensan lo contrario o piensan que enfrentar a los sexos solucionará la violencia, entre estos, la violencia en general y la tasa de homicidios en México contra varones y mujeres es de 30 por cada 100,000 habitantes cuando el promedio mundial es de 7.2 de esta tasa el hombre llega a 55 por cada 100,000 habitantes y en la mujer cae a 5 por cada 100,000 pobladores, de acuerdo al (INEGI en 2019), alrededor de 32,900 varones fueron asesinados en México y 3,700 mujeres el feminicidio dice que las están matando pero están matando a todos la violencia es integral.
En los últimos tiempos, no
obstante, hemos asistido a una progresiva ideologización de la cuestión, y el
uso cotidiano de la expresión “violencia de género” ha devenido simplemente en
la violencia del hombre hacia la mujer que, sin importar los verdaderos móviles
de esta, comenzaron a forjar la sensación de que en todo acto de violencia que
vaya en esta dirección, media el odio hacia el sexo femenino como tal. Nada más
alejado de la realidad.
La problemática de la violencia
perpetrada por hombres hacia mujeres sería mejor abordada si se hiciera a un
lado la ideología de género. En efecto, podríamos constatar que la violencia,
en cuanto tal, tiene un sinfín de determinantes que exceden a la categoría del
género que, llamativamente, se ha impuesto en nuestros días de manera
excluyente como la razón explicativa de la violencia entre los sexos.
Asimismo, la ideologización de la
cuestión de la “violencia de género” nos lleva muchas veces a olvidar que la
mujer también puede hacer uso de la violencia contra el hombre. Las
consecuencias están a la vista: las manifestaciones contra la violencia de género
se cierran discursivamente a la unidireccionalidad de esta; la violencia de la
mujer hacia el hombre es un recurso típico del humor y resulta socialmente
aceptable; la academia no le presta la suficiente atención. Las investigadoras Ann
Frodi, Jacqueline Macaulay y Pauline Thom han revelado por ejemplo que, de
314 estudios sobre violencia realizados a lo largo de siete años, sólo el 8% se
preocupaba por la violencia femenina.
¿Y es que verdaderamente la mujer
también puede ejercer violencia contra el hombre? Hay estudios que han llegado
a resultados determinantes. He aquí un breve recorrido sobre algunos de ellos.
En un estudio longitudinal
realizado en Estados Unidos por Murray Straus y Richard Gelles
con más de 430 mujeres maltratadas, se encontró que el hombre daba el primer
golpe en el 42,6% de los casos mientras la mujer lo hacía en el 52,7%. En la
Encuesta Nacional de Violencia Familiar de Estados Unidos (1990) se encontró
que hombres y mujeres tenían mismas probabilidades de dar el primer golpe a su
pareja en el marco de un conflicto.
La Universidad Nacional Autónoma
de México, con la ayuda de datos del Centro de Atención a la Violencia
Intrafamiliar en México, halló que 2 de cada 50 hombres son víctimas de
violencia física y psicológica por parte de su pareja (algo similar se encontró
en Corea, Japón, India, y otros países latinoamericanos)
En España, según cifras
del año 2000 del Ministerio del Interior, el número que la violencia entre
cónyuges dejó en ese año fue de 64 mujeres (59,26%) y 44 hombres (40,74%),
aunque los casos en los que la persona terminó muriendo son bastante más altos
para las mujeres (44 contra 7), no obstante, lo cual, si agregamos en este
análisis parejas de hecho y noviazgos, los números se vuelven a acercar (67
mujeres asesinadas y 44 hombres asesinados).
Ya hemos explicado que si bien se
define la violencia de género como aquella que está motivada por el odio hacia
el otro género, actualmente el uso de esta categoría se ha extendido a todos
los casos en los que una mujer resulta agredida por un hombre, creándose la
falsa sensación de que la violencia que va en este sentido está siempre
determinada por el odio de género y que estamos inmersos en una suerte de
“guerra de hombres contra mujeres”. Pero este reduccionismo no podría explicar,
por ejemplo, porqué en Estados Unidos se ha encontrado que la violencia en
parejas lesbianas y homosexuales es tan frecuente como la que ocurre en parejas
heterosexuales. ¿No será que son móviles un poco más complejos y variantes que
la simple aversión por el otro género, los que desencadenan comportamientos
violentos?
Lo que se tiene que hacer es dejar de seguir los modelos actuales que
naturalizan la violencia se tiene que hacer políticas públicas para que desde
la educación se concientice a las personas sobre los modelos que hay en la
sociedad y definir qué está bien y qué está mal, porque las violencias no se
van a resolver con una marcha, un plantón o una conmemoración.
Y es que, entendiendo la
violencia como un todo complejo, teniendo en cuenta que tanto hombres como
mujeres pueden ser violentos entre sí y a raíz de las más variadas causas,
podremos avanzar de manera mucho más contundente en la erradicación de la
violencia en cuanto tal que es, en definitiva, el gran azote contra nuestra
sociedad.




0 Comments:
Publicar un comentario