“Ciberfeminismo: cuando el algoritmo se vuelve trinchera"
“No es solo que nos vigilen. Es que nos silencian, nos borran, nos exponen. Y aun así, seguimos hablando.” — Testimonio anónimo, colectiva feminista digital.
En el campo de batalla contemporáneo, las trincheras no
están hechas de ladrillos ni pancartas. Están hechas de hashtags, hilos, memes
y transmisiones en vivo. El feminismo digital no es una moda ni una estrategia
de marketing: es una forma de resistencia simbólica que se infiltra en el
algoritmo, lo hackea y lo convierte en altavoz.
El ciberfeminismo surge como una
intersección entre género, tecnología y cultura digital. No es solo una
práctica activista, sino también una corriente crítica que cuestiona cómo el
poder patriarcal se reproduce en los entornos digitales. Se diferencia del
ciberactivismo feminista en que este último se enfoca más en la acción política
concreta en redes sociales, mientras que el ciberfeminismo incluye también
reflexión teórica, estética y filosófica.
En cuanto a la situación que viven las mujeres mexicanas con el uso de las redes sociales podemos observar que de acuerdo con INEGI (2024) EL 66% de las mujeres mexicanas mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia, y 22% han sido víctimas de acoso digital. En el primer semestre de 2025, se registraron 338 feminicidios en México. Por su parte, el Informe Nacional de Personas Desaparecidas indica que 22.85% de las personas desaparecidas son mujeres, muchas de ellas jóvenes que usaban redes para expresarse.
Por otro lado, les comento que las plataformas digitales se han convertido en espacios claves para denunciar violencias como ejemplos de ellos tenemos los movimientos #MeTooMX, #JusticiaParaDebanhi y #VivasNosQueremos que han visibilizado casos ignorados por los medios tradicionales.
Asimismo, han servido para presionar por reformar legales como el caso de la Ley Olimpia, que tipifica la violencia digital (como la difusión de contenido íntimo sin consentimiento), fue impulsada desde redes por colectivas feministas. Además de crear comunidad, las redes permiten que mujeres compartan experiencias, se reconozcan y se organicen sin intermediarios institucionales.
En cuanto a riesgos y desafíos actuales podemos mencionar la Violencia Digital sistemática: Activistas son blanco de campañas de desprestigio, amenazas, hackeos y censura. La Brecha digital de género: En zonas rurales, el acceso a dispositivos y alfabetización digital sigue siendo limitado, lo que excluye a muchas mujeres del activismo virtual. Y la Fatiga emocional y burnout: La exposición constante a violencia simbólica y la presión por responder en tiempo real generan desgaste en las activistas.
Hemos avanzado, pero nos queda un largo trecho de la gran carretera de la información que recorrer hasta lograr que nuestras voces sean escuchadas y nuestros derechos respetados.



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