FEMINISMO PRIMERA OLA: NO NACIMOS PARA PEDIR PERMISO.

 

“No nacimos para pedir permiso” crónica de la primera ola feminista


Hola a quienes les gusta leer mi blog, hoy les comentaré una página de la historia donde las mujeres dijeron ¡Basta! ...olviden la narrativa escolar que reduce el feminismo a “mujeres pidiendo el voto”. La primera ola fue una revuelta simbólica contra el orden ilustrado que proclamaba igualdad… solo para los hombres. Fue una grieta en el relato fundacional de Occidente, una herejía contra el pacto patriarcal que nos nombraba ciudadanas de segunda, así que, veremos un poco de los inicios del despertar de las mujeres pugnando por sus derechos vulnerados y no visibilizados por allá en la revolución francesa.

La primera ola del feminismo no nació de la nada: fue hija incómoda de la Ilustración. En pleno Siglo de las Luces, cuando se proclamaba que “todos los hombres nacen libres e iguales”, algunas voces comenzaron a preguntar: ¿y las mujeres? Filósofos como Poullain de la Barre ya en 1673 escribían sobre la igualdad de los sexos, pero fue Mary Wollstonecraft quien, en 1792, con su Vindicación de los derechos de la mujer, encendió una chispa que no se apagaría.

                                                           Francois Poullain de la Barre

Durante la Revolución Francesa, mujeres como Olympe de Gouges exigieron que los ideales de libertad, igualdad y fraternidad incluyeran también a las mujeres. Su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana fue un acto radical que le costó la vida, pero dejó una huella indeleble.

Aunque el pensamiento feminista se gestó en Europa, fue en Estados Unidos donde se consolidó como movimiento político. En 1848, la Convención de Seneca Falls marcó el inicio formal del feminismo moderno anglosajón. Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott redactaron la Declaración de Sentimientos, exigiendo derechos civiles, educativos y, sobre todo, el derecho al voto.

Este momento fundacional dio paso a décadas de lucha sufragista, con figuras como Susan B. Anthony en EE. UU. y Emmeline Pankhurst en Reino Unido, que radicalizaron las tácticas y visibilizaron la exclusión sistemática de las mujeres en la esfera pública.

Además del sufragio, las feministas de esta primera ola exigieron acceso a la educación superior, el derecho a poseer bienes sin tutela masculina y la posibilidad de participar en la vida económica y política. Estas demandas no eran solo legales: eran simbólicas. Querían redefinir qué significaba ser ciudadana en sociedades que las relegaban al ámbito doméstico.

La primera ola logró conquistas fundamentales, como el sufragio femenino en varios países (EE. UU. en 1920, Reino Unido en 1918 para algunas mujeres), pero también dejó tensiones: muchas de sus líderes eran blancas, burguesas y no siempre incluyeron a mujeres racializadas o de clases populares. Sojourner Truth, por ejemplo, denunció esta exclusión con su célebre discurso “¿Acaso no soy una mujer?”


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