"EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN" JOYA DEL CINE 1915 DE GRIFFITH.

 

“El Nacimiento de una Nación: la película que cambió el cine y dividió a la historia”

Hablar de cine es hablar de emociones, de historias que nos marcan y de imágenes que permanecen en la memoria colectiva. Pero también es hablar de rupturas, de cambios radicales que reescriben la forma de contar. Una de esas rupturas llegó en 1915 con El Nacimiento de una Nación (The Birth of a Nation), la monumental obra de David Wark Griffith, que hasta hoy sigue siendo tan influyente como polémica.

Imaginemos el contexto: el cine aún era joven, apenas pasaba de ser un espectáculo de feria de pocos minutos. La mayoría de las películas se componían de escenas simples y lineales, sin mayor sofisticación narrativa. Entonces aparece Griffith con una obra de tres horas de duración, dividida en dos partes, que narra nada menos que la Guerra de Secesión estadounidense y la reconstrucción posterior. Lo que para muchos era impensable —una película larga, con múltiples escenarios, personajes complejos y una narrativa épica—, Griffith lo convirtió en realidad.

En lo técnico, El Nacimiento de una Nación fue un parteaguas. Griffith innovó en el uso del montaje paralelo, esa técnica que nos permite ver dos acciones ocurriendo al mismo tiempo y que eleva la tensión narrativa. También perfeccionó el uso de los primeros planos, los planos generales para escenas de batalla, la cámara en movimiento y la iluminación dramática. En otras palabras, organizó el lenguaje cinematográfico tal como lo entendemos hoy. Muchas de las convenciones que damos por sentado en el cine moderno —desde Hollywood hasta el cine independiente— nacieron ahí.

Pero claro, no podemos hablar de esta película sin abordar la controversia que la rodea. El Nacimiento de una Nación es, sin duda, un triunfo estético, pero también una obra cargada de racismo. La película retrata a los afroamericanos de forma estereotipada y ofensiva, y presenta al Ku Klux Klan como héroes salvadores del sur. Este sesgo ideológico generó protestas desde su estreno, en especial de la comunidad afroamericana y de la naciente Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP). Paradójicamente, lo que Griffith concibió como una gran epopeya nacional se convirtió en un recordatorio de cómo el cine puede reforzar prejuicios y discursos de odio.

¿Entonces cómo leerla hoy? La respuesta no es sencilla. El Nacimiento de una Nación es, al mismo tiempo, una obra maestra formal y un documento de intolerancia. Es un espejo incómodo que nos obliga a reconocer que la historia del cine, como la historia de la humanidad, está llena de luces y sombras. Griffith elevó el séptimo arte a nuevas alturas, pero lo hizo a costa de glorificar visiones excluyentes.

Lo que sí es indiscutible es que sin esta película el cine moderno no sería lo mismo. Inspiró a generaciones de cineastas, desde Eisenstein en la Unión Soviética hasta Hollywood en sus primeros años dorados. Al mismo tiempo, despertó una conciencia social sobre el poder del cine como herramienta ideológica. Fue, en todos los sentidos, el nacimiento de algo nuevo: del cine como arte, pero también del cine como arma cultural.

Hoy, más de un siglo después, El Nacimiento de una Nación sigue siendo una obra que no se puede ver de forma ingenua. No es solo un clásico, sino una lección: el cine tiene la capacidad de fascinar, pero también de manipular. Y entender eso es parte de madurar como espectadores críticos.

Así que, la próxima vez que escuches hablar de esta película, no pienses solo en un viejo título de 1915. Piensa en el momento en que el cine dejó de ser un pasatiempo para convertirse en un lenguaje universal, capaz de contar historias tan grandiosas como peligrosas.



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